abril 19, 2013

El oro de París



Este mes, el lunes 22 de abril, Editorial el desván de la memoria presenta en Madrid un nuevo libro, titulado: El oro de París, en Instituto francés (C/ Marqués de la Ensenada 10). 

Esta publicación es un proyecto solidario destinado a la Asociación adEla, que ayuda a los afectados por la Esclerosis Lateral Amiotrófica.

Ramón Alcaraz presentará el libro junto a su autor, Antonio Nieto, y junto a la Presidenta de adEla y el médico-asesor de la asociación.

Se agradece la difusión de este evento solidario.
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abril 24, 2012

Actualidad: Editorial el desván de la memoria

Actualidad: editorial El desván de la memoria (www.editorialeldesvan.com) saca un nuevo título: Buenos días, de Alicia González; presentado en Gijón.


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enero 30, 2012

¡¡¡NACE EDITORIAL EL DESVÁN DE LA MEMORIA!!!

Esta semana última semana de enero del 2012 inicia su aventura EDITORIAL EL DESVÁN DE LA MEMORIA, parida al calor del Taller de escritura EL DESVÁN DE LA MEMORIA, y comandados ambos por Ramón Alcaraz. ¡Bienvenida y enhorabuena!, que la andadura sea una siembra de éxitos comenzado con este primer libro poemas: "Poeta sucumbiendo bajo un alud de ollas de acero inoxidable", Manuel de Mágina.



Cocinado con magia, donde no faltan los filos de cuchillo, frutos prohibidos y, por supuesto, caramelo de azucar...
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septiembre 24, 2011

MI CALLE, convocatoria relato jueves (sábado)

Me cuesta admitir el posesivo “mi”, no siento que la calle en la que vivo sea mía. Nunca he tenido esa sensación, ni la de arraigo tampoco; me parece más un lugar de paso. Si no recuerdo mal, ya de niño experimenté una relación más pragmática que sentimental con los lugares en los que me coincidió vivir. No quiero decir con esto que sea un apátrida —al menos, yo no lo entiendo así—, ni que sea insensible al entorno que me rodea, no es eso; sino que lo percibo más como un espacio físico, material. Un lugar pequeño al principio, que ha ido creciendo según lo he ido descubriendo y, en menor medida, conociendo; pero siempre un único lugar. Algo así como el agua para beber, igual de necesaria cuando se tiene sed; que, según la insipidez, puede gustar más o menos. No, no me siento identificado con la expresión: “echar raíces”, la idea de considerar a las personas plantas me parece desafortunada; imaginar la ciudad como una plantación no resulta muy poético.

Claro que tampoco me gusta las ciudades; nada, nada, o casi nada. Me parecen “cementerios” repletos de nichos y de muertos que viven de mala gana; por otro lado, son tremendamente prácticas y, más o menos, cómodas para vivir; en ellas siempre se está a un paso y a una eternidad de todo. Para sobrevivir del día a día las prefiero a los pueblos o zonas rurales; en cambio, para descansar, convivir con la gente o, simplemente, escuchar unos “buenos días” animosos y sonrientes el cemento es menos recomendable.

Hasta aquí estuve intentando explicar —quién sabe si en realidad justificar la sensación de culpa—, lo que significaron los lugares en los que he vivido; más o menos, semejantes a donde ahora vivo: una calle, con el nombre de una persona de otra época y hoy memorable (al menos no se trata de una calle con el nombre de otro sitio); un portal con un número y, también, con el nombre del edificio que a su vez, también, tiene número (esperpentos y confusiones a una, mayoritariamente con el cartero); y la puerta de casa, ésta con número y letra, faltaría más. Lo mejor, con diferencia, son los vecinos (las desavenencias nunca transcienden más allá de las reuniones de la comunidad).

De aquí en adelante para, de algún modo, justificar el espíritu de la convocatoria y resaltar ese lugar único necesito retrotraerme a la infancia. Podría comentar como solía escabullirme de casa para subir al monte y pasar la noche a la intemperie; me gustaba dormir al ras, escuchar el runrún de los árboles, de sus ramas movidas por el viento, y mirar a lo alto la negrura del cielo o el titilar de las estrellas (debo aclarar que se trataba siempre de escapadas veraniegas). No quería dormir, tan sólo disfrutar un rato; pero terminaba despertando siempre al día siguiente para escuchar la estruendosa y fraternal bronca. De igual modo, subía por el día y buscaba un lugar desde el que poder visualizar las aldeas, me gustaba contemplar el ir y venir de las gentes entre sus quehaceres. Pero me temo que no va a decir nada que mejore lo que ya he dicho; más en la actualidad, pues en aquellas épocas no resultaba tan extraño que un niño pequeño se “perdiera” por los aquellos alrededores o se pasara las tardes jugando al futbolín en alguna de las tabernas del pueblo —donde más tiempo pasaba y una de las cosas que más me divertían— Algunos, con cinco o seis años, ya pastoreaban varias vacas en ese mismo monte y que no se les ocurriera abandonarlas a su suerte si no querían sufrir la misma vara con que las cuidaban.

Ahora, si he de elegir un lugar especial, me inclino por un cruce que ramificaba un camino de tierra en dos; los días soleados discurría entre sombras y claros, como un tablero de ajedrez; flanqueado mayormente por pinos, alternados con algún que otro roble o castaño. No era un cruce, sino un momento del mediodía —al atardecer las sombras se alargaban y la luz amarilleaba, amortecía y despintaba ese brillo vivo y evocador— de finales de primavera o principios de verano; un momento, a veces un instante; bastaba con que las nubes ocultaran unos segundos el sol para romper el encanto. Aquel juego de luces y sombras, colores, aromas y ruidos casi imperceptibles; cuando el calor del almuerzo se mezclaba con el viento suave, esa brisa que parece el aliento de los árboles, me conmovían hasta el punto de creerme casi flotando. Sin duda se trataba de una mezcla de sensaciones muy especial y más difícil de explicar aún —conste, no fumaba, ni ahora fumo ese tipo de “inspiraciones”; no sirve por lo tanto como justificación—; pero igual de real que los bocinazos de un atasco, los gritos de las verduleras o las iracundas diversidades de los políticos en el parlamento. Se trata de esos lugares e instantes que existen y suceden en cualquier rincón, a veces inesperado; pero para que resulten especiales requieren de nuestra presencia, no cabe excusa posible.

No puedo enviar foto, el tiempo lo ha cambiado todo y a mí al que más. Lo siento.



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agosto 26, 2011

El Secreto

Ven, acércate y atiende, que te voy a contar un secreto. ¿Ves aquellos acantilados donde las olas baten con fuerza y se vuelven blancas? ¿Los ves? ¿Sí? Cierra los ojos e intenta imaginártelos  ¿Puedes? ¿Y las olas? ¿Igual de blancas?  Allí está mi padre recogiendo percebes.


¿A él no eres capaz de localizarlo? ¿Ni con los ojos abiertos? Ya... Fíjate bien. ¿Nada? Pues cierra otra vez los ojos e inténtalo con ellos cerrados. ¿Tampoco? Espera, toma mi MP3 y escucha esta música:  



A ver ahora, ¿ni así? Continúa intentándolo. No, no, mejor con ellos cerrados.

¿Sabes?, al principio yo tampoco era capaz de verlo. Lo conseguí cuando escuchaba esta música, en un momento que tenía los ojos cerrados; por eso es mejor que pruebes primero de esa manera. Claro, también puedo con ellos abiertos; desde aquel día.

Fue poco tiempo después de que él se fuera a por los percebes. Me dijo que lo esperara, aquí, donde estamos, precisamente; quería aprovechar la marea baja. Pero la marea bajó y subió una y otra vez hasta que mi madre me vino a buscar.

Te aseguro que miré y remiré piedra a piedra, ola a ola y marea a marea, tanto aquel día como al siguiente y al otro.

¿Lo ves, ya lo ves? Lo sabía, primero era necesario intentarlo con los ojos cerrados.



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enero 25, 2011

Stupidocracia

Existió hace mucho, mucho tiempo, un pueblo en el que sus ciudadanos se ataban un brazo a la espalda, doblan una pierna para andar o se vendaban un ojo. Quienes los visitaban se preguntaban por qué actuaban de esa manera y, seguros de sí mismos, con mucho orgullo, a todos les respondían lo mismo:

-Se trata de nuestro sistema de gobierno, único e incomparable. Cada cierto tiempo -el que lo contaba no se acordaba del número de años- se eligen a nuestros gobernantes a mano levantada y, para que nadie haga trampas, es obligado atarse la otra a la espalda. Lo de la pierna y el ojo, tienen ese mismo origen. Como unos levantaban la mano derecha y otros la izquierda, acabaron asociándose de esa forma dando como resultado la formación de dos partidos; los de derechas y los de izquierdas. Esto llevó a que los líderes, para demostrar su valía y honestidad, adoptaran el compromiso público de no sólo atarse el brazo, sino también la pierna e, incluso, se vendaran el ojo correspondiente. Salvo los oídos, esos debían estar siempre limpios y despejados, para no sólo oír, sino escuchar cualquier orden a ejecutar. Como puedes comprobar -explicaban al visitante, enseñándole las estatuas de sus gobernantes-, todos tienen un ojo vendado (los había incluso con el brazo y la pierna atados al mismo tiempo, pero esos eran los menos). Y a la lógica pregunta de ¿y los del centro?- Según se cuenta, los del centro se vendaban la boca o si no se ponían bragas o calzoncillos de castidad.

-Vaya, sabía lo de los cinturones o las bragas de castidad, pero lo de los calzoncillos no. -le dije a quién me estaba contando semejante disparate.

-Pues, te parecerá mentira; pero por lo que he oído contar de ellos, los hombres eran más partidarios de utilizar los calzoncillos y, en cambio, las mujeres preferían taparse la boca; o por lo menos parece que esa era la creencia más generalizada.

-¿Y sabes qué sistema de gobierno era?

-Sí, claro; según comentarios de quienes los visitaron, le llamaban: Stupidocracia.

-¿Estupiqué?

-No te rías -me corrigió-, hace mucho, mucho tiempo que desaparecieron.
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diciembre 18, 2010

Ha nacido ya...

En el portal http://revistaterral.com/  ha nacido ya el Capítulo I de la REVISTA TERRAL e IMPULSOS se une al deseo: ¡¡¡LARGA VIDA TERRAL!!!


Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo


Chin-Chin
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octubre 30, 2010

Halloblogween: Aviso a navegantes



Aviso a navegantes…, parece que un medio de prensa, de los importantes, ha recibido una documentación bastante delicada; con la advertencia de que si no la publicaba, comenzarían a mostrarla por todas las calles y plazas del país. Según los rumores, se trata de material peligroso que amenazaría, sobre todo, la vida privada de muchos ciudadanos. Inmediatamente, el periódico denunció la coacción a la que intentaban someterlo y puso toda la información a disposición de la policía.
Las filtraciones, no se sabe si periodísticas o de la misma policía, apuntan a que la autoría de semejante agresión, una travesura de mal gusto de consecuencias imprevisibles, correspondería a un grupo de jóvenes estudiantes, probablemente universitarios; pero dado el volumen y variedad del contenido remitido al periódico, se teme que detrás de esos individuos esté alguien más.  Continuando con el hilo de rumores, dicha travesura incluiría un sin número de pruebas: vídeos, fotografías y otros muchos documentos inculpatorios que denuncian un amplio espectro del lado oscuro de la sociedad; sobre todo infidelidades y conductas, cuando menos, indecorosas de multitud de ciudadanos anónimos. Todo un compendio más propio del espionaje al servicio de las organizaciones secretas de inteligencia que de unos niños mal criados.
Por lo que, “aviso a navegantes” –sí, es una expresión de advertencia bastante popular, como corresponde a la ocasión–, además del miedo a la crisis, el paro, la hipoteca…; ahora, para estos días de Halloween, se le ha de añadir, en los casos que corresponda, la posibilidad de aparecer con “el culo al aire” ante los ojos de todo el mundo.
Afortunados aquellos o aquellas que cuenten con razones de “peso” o disculpas convincentes…


Otros miedos en el Halloblogween de Teresa Cameselle.
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octubre 13, 2010

Entre Paréntesis (Radio Villalba): charla sobre los microcuentos

Grabación de la charla sobre los microcuentos que se emitió en el programa "Entre Paréntesis" de Radio Villalba; presentada por Mercedes Gómez, Ramón Cañada y Clara García, con la colaboración de Ramón Alcaraz. En esta ocasión, leyeron tres microrrelatos y míos y, también, participé como invitado.

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septiembre 30, 2010

Relatos leídos en la radio (Radio Villalba)

Radio Villalba emite un programa dedicado a la lectura de cuentos en directo en la que participa Ramón, comentando los relatos. Entre los textos emitidos, han elegido tres míos:

Tiempos de crisis
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Dama efímera
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Si y No
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agosto 08, 2010

Hijo, ahora eres tú el guerrero


No hijo, no me imites; ya no. Has crecido, ahora eres tú el guerrero, el héroe que tiene que rescatar a tú princesa de las garras del depredador de turno, el que tiene que despertar a la bella durmiente de unos sueños y quimeras que la esclavizan todavía más; convertir a la cenicienta en princesa y no a la princesa en cenicienta. Llegó la hora de que seas tú quien ame y conquiste el mundo con los ojos cerrados.

Mi batalla ha terminado; no intentes seguirme, no repitas mis derrotas, ni mis batallas ganadas. Unas y otras me agotaron por igual, necesito descansar. No me imites, ya no; ni el mundo es el mismo, ni yo lo que un día fui.
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julio 19, 2010

Encuentro y rape inolvidable

       Este sábado pasado, nos reunimos Teresa y Raúl, Natalia y Ferrán, y María y yo; las tres parejas visitamos Mugardos, el pueblo de Teresa, de su infancia. Inolvidable e inolvidable el rape que comimos. Hay que volver; además, nos queda pendiente el pulpo a la mugardesa.

Podría hilar hasta no terminar nunca una imagen de adjetivos, pero es mucho mejor que lo visitéis personalmente; así, también, podréis saborear los frutos de ese pueblo marinero y catar los vinos blancos gallegos (son muy buenos). Me planto aquí, agradecido a Teresa y su marido por su amable y generosa hospitalidad y a Natalia y Ferrán, otros dos compañeros de aventuras, entrañables y sabios. Muchas gracias a los cuatro, de parte María y mías; os las merecéis.
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julio 13, 2010

Martes y 13

¡Anda, no es mala leche ni nada! ¡Qué ironía! Metidos de lleno en la implacable resaca, con la cabeza como un "balón de fútbol", descubrimos que, después de desbordar felicidad a raudales(raudales, no caudales; puntualizo, qué éstos últimos, aunque parezca mentira, continúan siendo escasos), el día de después resulta ser martes y 13. Ayer no me di cuenta, lo juro. No me extrañaría que la culpa la tengan los condenados de los políticos, en absoluto; son capaces de cambiar los días del calendario a propósito para que volvamos a la crispación de siempre. Tanta felicidad no puede ser sana. ¡Je je je!.

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julio 12, 2010

¡¡¡CAMPEONES!!!


Hemos ganado, somos campeones; todos.
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julio 08, 2010

Jueves Relatos: Amor



Amores que refrescan

Treinta grados, húmedos y calientes. Le robé las flores al jarrón de la sala y me fui a la cocina. La casa era nuestra, de los dos, nadie se interponía entre nosotros; se habían ido todos a la playa. Ella y yo, uno frente al otro… Espera –le dije–, aguarda un momento, ni te muevas; voy a bajar un poco el aire acondicionado.
Me acerqué al interruptor marcha atrás, para que no viese las flores que escondía a mis espaldas. Así estaremos mucho mejor, y me acerqué. Con una sonrisa más redonda que la luna llena, deleitándome de placer, agarré el asa con suavidad y tiré; despacio, jugando con al vaivén del abre y cierra para sentir su frescor en la cara. Abierta de par en par, alcancé la jarra de agua y, con un movimiento a lo Jhon Wayne, metí el ramo dentro. Son para ti y se las dejé encima.
Ya con las dos manos libres, introduje una en su interior, notando la vaharada de frescor y me serví la sangría de cava que me estaba enfriando.
¡Te quiero! –casi le grité de placer–; y le volví a cerrar la puerta con mimo y delicadeza. Así, para que no te descongeles nunca, ¡amor mío!

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julio 01, 2010

La ternura, un canto a la esperanza

A veces, cuando menos se espera, nos sorprende una imagen que se desmarca del cuadro cotidiano. Hoy, camino de casa de mis padres, en un tramo cuesta arriba y estrechado por las obras, me vi obligado a aminorar la marcha. Dos ciclistas, padre e hija, uno a la par del otro, apuraban la pendiente como si se tratase de un puerto de primera. La chiquilla, de nueve o diez años, pedaleaba a un ritmo más alto y con las dudas de equilibrio de los primerizos y el padre la arropaba con la cadencia del experto; moviendo con firmeza los pedales, mientras empujaba con una mano las espaldas de la aprendiza.

Quizá por tener el sol de frente, camino del ocaso, quizá por la estrechez de la vía y el caos de las obras (auténtica metáfora de la realidad actual), quizá por la escena entrañable, un gesto de absoluta ternura, o quizá por las tres al mismo tiempo; me sentí conmovido. No he podido evitar, mientras, obligado, acompasaba la marcha para mantenerme a su paso, contemplarlos y sentirlos como un canto a la esperanza, al optimismo. Una esperanza que ascendía a pesar de las estrecheces de las reformas, empujada por el amor del padre y la ilusión de la pequeña; todo ternura, ternura entrañable con el sol al frente. Descubrí la dureza del esfuerzo en el rostro colorado y sudado de la niña cuando los sobrepasé; pero también la sonrisa tranquila y alegre de su progenitor por haber alcanzado la cima. Y yo realicé lo que me quedaba de camino esperanzado y optimista, con esa cara de bobo que nos queda cuando nos sorprende la felicidad.
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