febrero 19, 2009

La puerta del caprichoso destino



La muerte, el fin; una sentencia. Al otro lado de la puerta esperaba el plomo que había de partirle el corazón en dos. Miró a su alrededor, para saber de que se despedía. Una calle estrecha, sucia, apestosa; flanqueada por unos edificios antiguos, con ventanas de madera, y balconadas de hierro oxidado. Tres o cuatro coches destartalados, incapaces de huir, esperando como él por el ocaso. Olía a mar, a puerto, a podredumbre. Más allá, dónde debería estar el sol; nada. La noche sólo la noche. Atrapado, desarmado y condenado; una sentencia que intuía firmada.

Giró el pomo y empujó la hoja de madera. Franqueó la entrada, decidido, pasó por delante de la cocina sin atreverse a encender las luces; se dirigió al salón y se acercó al mueble bar. Un segundo, y se sirvió un coñac.

Del bolsillo de la chaqueta extrajo un sobre, abierto, pero no había leído la carta; no era necesario. Lo guardó otra vez. Demasiada oscuridad para encender la luz.

Detrás de unos tomos gruesos, en la estantería más alta, guardaba una pistola y el cargador. No le costó encontrarla. Comprobó las balas y el seguro. La sopesó y la sintió fría, helada. La apoyó en la barra, junto a la copa, y retiro la mano, como si quemara.

Volvió a la copa y la levantó hacia el único cuadro que tenía en toda la casa.

–Por ti –brindó.

Un retrato en blanco y negro. La imagen de la belleza, inalcanzable, femenina, prohibida; un rostro sitiado por las tinieblas. La voz del silencio colgada de una alcayata. Apuró el líquido hasta la última gota. Un intenso dolor lo obligó a encogerse. Necesitó más tiempo para incorporarse; para alcanzar el cuadro y descolgarlo de la pared. Lo miró de cerca y lo aplastó contra su pecho.

–Contigo bailaré mi último tango.

Desde la calle, el ruido de coches a gran velocidad y las sirenas de la policía atrajeron su atención. Abrazado al retrato, volvió sobre sus pasos hasta la entrada y abrió la puerta. Disparos, en todas direcciones, barrían el callejón. Ni se dio cuenta, una bala perdida atravesó el cuadro y lo tiró de bruces, bajo el dintel.

–Está muerto mi sargento; le reventó el corazón –dijo uno de los policías–; una desgracia.

–Tal vez –dudó el sargento–, después de leer y mostrar la carta que había encontrado en la chaqueta del fiambre.



16 comentarios:

SeaSirens dijo...

Que relato, Xosé...mque relato!
Me ha enantado como describes la situación, con que intensidad...
Chapeau!
Que valor el tio, que desgracia lo que ocurre después...pero mi pregunta es...que ponia en la carta?

Besos de madrugada!!

Celia dijo...

¡Ay Xosé!. Me vas a matar con tanto tiro.
Tus relatos, como los de Moderato, son imprevisibles. Y muy bien escritos.
Un abrazo

fonsilleda dijo...

Estupendo Xosé, a medida que te voy leyendo, me gusta más esa capacidad que tienes para crear momentos inmensos. Gracias por permitir que los leamos, porque es un placer.

Mari Carmen dijo...

Eso, eso, ¿qué diría la carta para que se le partiera el corazón de tal manera? :)

Un abrazo

Paco dijo...

Esa carta le había roto el corazón antes que la bala del policia. Es fácil saber que decía, ¿verdad Xose?

Buen relato, como final de una novela también estaría bien.

Un abrazo

TitoCarlos dijo...

Es el relato perfecto para hacer partícipes a los lectores. Yo suelo buscar el impacto final en las 'historias regaladas' de mi blog, pero debo intentar tu estilo.
Espero que no te importe

XoseAntón dijo...

Una vez más gracias, amigos.

Respecto a la carta, os juro que yo tampoco la he leído; así son las historias, misteriosas hasta para quien las cuenta. Intuyo que dentro del sobre hay una sentencia de muerte, pero este destino es azaroso y nunca se sabe dónde y cuándo va a ocurrir.

Bikiños

María dijo...

Xose:

La verdad es que este post engancha, me parece maravillosamente bien narrado, me ha encantado la manera de expresión, ¿sabes que parece como si la carta tuviera algo peor que la muerte?.

Feliz tarde.

Salu2.

Ave Mundi Luminar dijo...

XoseAntón,

No nos puedes dejar así.... después de la forma en la que introduces la situación, no nos puedes dejar así.... ¿Qué hay en la carta?...

Genial... verdaderamente genial tu forma de escribir.

Un abrazo.

megg dijo...

me ha gustado mcuhisimo
llenas de intrigas a cada momento que trascurres
yo quiEro más!!
me gusta como escribes xose!
BESOS

Mercedes dijo...

Xoxe, yo también quiero saber lo que dice la carta. Joder, eres un maestro del suspense.
Enhorabuena, tío, enhorabuena.

≈ Estrella ≈ dijo...

HOLA AMIGO COMO TE A HIDO EN ESTOS DIAS? PERDONA MI AUSENCIA ES POR COSITAS PERSONALES, PERO ACA ME TIENES VISITANDOTE, TE DEJO UN ABRASITO Y QUE DISFRUTES DEL FIN DE SEMANA BUENAS NOCHES

Radamanth dijo...

soy una lectora empedernida, mi genero la novela negra, me gusta la intriga, el suspense, y tu has usado muy bien la tecnica, siempre guardando un as en la manga. Un estilo muy depurado.. me pasaremas veces por tu casa...besos

Teresa Cameselle dijo...

Las extrañas coincidencias de la vida. O de la muerte, en este caso.
Me gustó.

Serio Y. Pérez dijo...

Este relato permite varias lecturas; deja cabos sueltos, diría un detective. Quizás el sargento intenta desviar nuestra atención hacia la carta. Recuerden que el protagonista no creyó necesario leer la misiva porque intuía firmada su sentencia, ¿puede romperte el corazón una carta que has leído?.

XoseAntón dijo...

Es un placer teneros como amigos, siempre con palabras dulces, generosas, ¿qué más se puede pedir?

Gracias a todos

Apertas e bikiños